El 22 de agosto de 1963, dÃa en que la sirena de cuartel como una abnegada madre, comenzó a llamar a sus hijos para que cumplieran con su deber. Siendo las 23.20 horas el fuego destructor habÃa hecho su aparición en una casa 5 de Abril esquina Robles de la población Villa O´Higgins ex Las Rejas. Cumplida la labor, tras vencer una vez más la fiereza del fuego, la CompañÃa emprendió el camino de regreso al Cuartel, para lo cual el voluntario Julio Castro, quien habÃa concurrido al lugar en su camión paricular, se ofreció para trasladar a sus camaradas bomberos el Cuartel, subiendo a 11 voluntarios, entre los cuales se encontraba Luis Navarro, sin saber que el destino le deparaba una tragedia que podrÃa fin a su anhelo de servir.
En Camino a Melipilla, a dos cuadras de la Avenida Los Cerrillos, el camión en que regresaban los voluntarios, sufrió una Panne mecánica, por lo que su propietario, el voluntario Castro, debió detenerse a un costado del camino para poder repararlo, quedando el vehÃculo con todas sus luces encendidas. Todos los voluntarios se bajaron para ayudar en la reparación del vehÃculo y poder reiniciar asà el regreso a casa; otro voluntario que viajaba en motoneta se detuvo para alumbrarlos con su reflector debido a la oscuridad de la noche.
Eran ya las 01.20 horas del dÃa 23 y todos los voluntarios se encontraban trabajando en la reparación del camión, cuando repentinamente chocó contra ellos un camión cargado con tractores proveniente de ValparaÃso, a causa de la rotura de su sistema de dirección, provocando la inesperada tragedia.
Como consecuencia del violento choque, varios voluntarios resultaron con lesiones de diversa consideración, Luis Hernán Navarro Bustamante no tuvo la misma suerte, por lo que falleció instantáneamente cuando le faltaban solo cinco meses para cumplir los 18 años de edad. Este fatal accidente no solo le arrebató un hijo a un Padre y a una Madre, si no que también se lo arrebató a la Segunda CompañÃa; un hijo practicamente recién nacido, a quien no se le permitió entregar todo lo que habrÃa querido entregar, sin embargo Dios quizo otra cosa.
Fotos: Sergio Vargas